La
formación es una necesidad reconocida en todas partes
como motor de cambio, como una forma de superar la crisis
actual en todos los ámbitos de actuación económica y social.
La velocidad del cambio es tan grande que obliga a una
formación continua de los profesionales, al reciclaje y
hasta a la posibilidad de cambiar de profesión. Este
contexto justifica un sistema flexible y dinámico de
educación permanente, de carácter compensador de integración
sociocultural, que pueden ofrecer las
enseńanzas no regladas.